sábado, 11 de mayo de 2013

Lost in translation



Además de ser el título de una de mis películas preferidas, dirigida por Sofia Coppola y estrenada en 2003, esta expresión ("perdido en la traducción") se refiere a todos esos matices y juegos de palabras que desaparecen al traducir un texto, porque cada idioma esconde sus propios artificios.  Hablar dos idiomas (y "regular", al menos uno de ellos) no implica saber cómo se han de traducir. La traducción requiere formación y habilidades específicas propias de profesionales.

El traductor de Google, además de ser una herramienta muy útil para saltar los muros del idioma, a nivel básico, ha demostrado serlo también para cambiar vidas.

Aquí tenéis un artículo de Martha Mendoza publicado en elmeridianodecordoba.com.co:


Es posible usar Google Translate para traducir un cómic japonés o para descifrar una complicada receta a fin de preparar blinis polacos. También, como lo hicieron Phillip y Niki Smith en una zona rural de Misisipí, el traductor en línea puede servir para rescatar a una huérfana china y para aprender a quererla.
Google realiza una cifra récord de 1.000 millones de traducciones diarias. Tal cúmulo de texto podría llenar un millón de libros.
Las traducciones se realizan con diversos fines, desde entender un menú para el almuerzo hasta recopilar información de inteligencia que salvaguarde la seguridad nacional. La herramienta realiza traducciones en 65 lenguas, desde el afrikáans hasta el yidis, y puede usarse en sitios Web, con reconocimiento de texto y como una aplicación para los teléfonos móviles, incluso si no están conectados en ese momento a la internet.
Aunque la tecnología evoluciona a pasos agigantados, el gurú de las traducciones en Google, Franz Och, reaccionó sorprendido al escuchar que los Smith y su nueva hija Guan Ya, de 14 años, se las arreglaron para comunicarse usando casi exclusivamente Google Translate.
"Todo el día veo algoritmos, algoritmos y algoritmos", dijo Och. "Me recompensa enormemente el escuchar que esto cambia vidas".
En el caso de los Smith, el cambio es perdurable.
Tenían ya tres hijos y vieron a Guan Ya hace menos de un año, cuando Niki Smith buscaba en internet algunas fotos de huérfanos que no encontraban un hogar. Su intención era solo ofrecerles una plegaria. Con tres niños que cuidar, incluida una hija de 3 años, adoptada en China, no tenía intenciones de hacer que su familia creciera. Pero se topó con Guan Ya.
"De inmediato se convirtió en nuestra hija", dijo Smith acerca de aquel encuentro fortuito en la internet, ocurrido hace casi un año. "No hubo duda de eso desde el primer momento en que la vimos en internet".
Había obstáculos que parecían insalvables para adoptar a la niña. En primer lugar, Guan Ya estaba a unos meses de cumplir 14 años, la edad a la que, de acuerdo con la ley china, no podía ser adoptada. Y no solo era incapaz de hablar inglés, sino que no podía hablar en lengua alguna: es sorda.
Tenaces, los Smith se lanzaron a cumplir con los trámites y estudios de antecedentes que son la regla en las adopciones internacionales. Con el apoyo de las autoridades chinas y estadounidenses, agilizaron el procedimiento al emplear los traductores en internet para entender y redactar una oleada de correos electrónicos y formularios. Un día, Niki Smith recibió un mensaje de su futura hija. Era un montón de caracteres chinos que le resultaban incompresibles.
"Bueno, yo estaba ansiosa por leer esa carta", dijo Smith.
Ahí entró en juego Google Translate. Smith cortó y pegó la carta en el espacio vacío de este programa, en el navegador de internet, y las ideas de Guan Ya aparecieron como por arte de magia.
Así comenzó una cálida conversación sobre el amor, la familia y la vida.
"Las computadoras y el software son herramientas, pero no hay duda de que facilitan nuestras relaciones", dijo Niki Smith.

La traducción realizada por máquinas se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando los codificadores se dieron cuenta de que la criptografía y el descifrado eran, en parte, problemas matemáticos. En 1949, el influyente científico Warren Weaver planteó una propuesta crucial que allanó el camino para la lingüística informatizada: un teorema que podía desarrollarse para resolver la estructura lógica de las lenguas.

"Parece que el problema de la traducción puede enfrentarse con éxito", escribió Weaver. Pero 65 años después, la traducción hecha por máquinas dista todavía de ser perfecta.

Todo llegará pero, mientras, aunque perdamos bastante en la traducción, reconforta pensar que estamos conectados, cerca unos de otros, gracias a las nuevas tecnologías que hacen posible historias como ésta.

Con Google Translate supimos, corroborado después por una de mis alumnas preferidas y con varios diccionarios, que Xiu Lin (秀 林) significa 'hermoso bosque'.

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